5 ciudades del mundo obsesionadas con la basura: así luchan contra la contaminación


Cuando los ministros, directores de empresa y líderes de sociedad civil se reúnan en la Asamblea de la ONU para el Medio Ambiente, en diciembre, la basura estará en la agenda.

Controlar las montañas de residuos sólidos producidas por la humanidad es central en el objetivo de la Asamblea de avanzar hacia un mundo sin contaminación. Después de todo, la contaminación causada por los desechos llega al aire, el agua y el suelo, y es señal del desperdicio colosal de los recursos finitos de nuestro planeta.

Cinco de las 50 acciones globales contra la contaminación en listadas en un nuevo informe de ONU Medio Ambiente se relacionan directamente con los residuos sólidos. Una de ellas enfatiza que las políticas cuidadosamente articuladas y la regulación al nivel nacional son vitales para mover nuestras economías hacia una ruta más sostenible.

Pero generalmente recae en las ciudades y los pueblos implementar estas políticas en el terreno. Mientras muchas regiones están lejos de alcanzar el objetivo, aquí presentamos cinco ciudades destacadas por sus éxitos en materia de desechos sólidos.


Osaka, Japón

Los turistas que toman un giro equivocado en el camino a los Estudios Universal de Osaka podrían pensar que tropezaron con una escena de “Charlie y la fábrica de Chocolate”. Pero ese edificio de aspecto “funky”, con líneas onduladas una torre con una cúpula de oro es realmente un gran incinerador de desechos.

Diseñada por el arquitecto austríaco y activista ambiental Friedensreich Hundertwasser, la planta de incineración es un símbolo de cómo la segunda ciudad de Japón ha pasado de ser un foco de contaminación a una urbe a la vanguardia en el cuidado del medio ambiente.  

En la década de 1970 la ciudad sufría de grave contaminación del aire y el agua debido a las industrias pesadas que se extendían alrededor de la bahía de Osaka y el crecimiento de la población. El emblemático Castillo de Osaka solía desaparecer detrás de una espesa cortina de humo.

Funcionarios de la Prefectura de Osaka reaccionaron con una regulación más estricta de las emisiones industriales, un mayor enfoque en la protección de la salud, planificación ambiental estricta y la creación de espacios urbanos verdes.
Contaminantes industriales como el dióxido de azufre han disminuido constantemente desde entonces; un sistema de metro ha ayudado a reducir los óxidos de nitrógeno y disminuir la brecha en la cobertura del saneamiento ha ayudado a limpiar los ríos.

El reciclaje ayudó a reducir el volumen de residuos en más de la mitad entre 1991 y 2014. En lugar de disponer de la basura en vertederos, muchos desechos se queman en plantas de alta tecnología que utilizan el calor para generar la electricidad de un estimado de 125.000 hogares y producir agua caliente de suministro municipal.

La ceniza resultante – 5 por ciento del volumen original-, se envía a una de varias islas artificiales construidas en la bahía de Osaka con desechos y tierra excedente del desarrollo de infraestructura urbana. Las islas son anfitrionas de varias plantas de residuos y aguas residuales, incluyendo el llamativo incinerador.

Un vertedero de cenizas en una isla está siendo convertido en un parque solar y otro se ha transformado en un gran parque municipal y jardín botánico, con una cama de tulipanes y un molino de viento al estilo holandés.

Alappuzha, India

El primer ministro Narendra Modi eligió el Día Mundial del Medio Ambiente 2017 para poner en marcha una directriz contra las montañas de basura que se acumulaban en las calles y los vertederos de toda India. Para implementarlo, las ciudades de la segunda nación más poblada del mundo podrían seguir el ejemplo de municipios como Alappuzha.

Hace pocos años, canales llenos de basura apestosa amenazaban el estado turístico de la ciudad costera y exponían a los residentes y visitantes a nubes de moscas y mosquitos transmisores de enfermedades. Las protestas llevaron a la clausura del vertedero principal de la ciudad en 2014.

Desde entonces, la ciudad bautizada como “la Venecia del este” -por sus redes de remansos y lagunas donde se puede alquilar casas flotantes-, ha abordado el problema al introducir un sistema descentralizado de gestión de residuos. En este se separan los desechos biodegradables a nivel local, se tratan en pequeñas plantas de compostaje y se le proporciona biogás para cocinar a la mayoría de los 174.000 residentes.

Alappuzha está entre un grupo de municipios que recibió el Premio de Ciudad Limpia del Centro para la Ciencia y Medio Ambiente de India en 2016. Otros son Panaji, Mysuru y Bobbili.


Liubliana, Eslovenia

Como la primera capital europea que busca llegar al “cero desperdicio”, Liubliana está cosechando múltiples beneficios de su compromiso con la gestión avanzada de residuos. Mientras que algunos países han optado por la incineración para controlar la acumulación en vertederos, la ciudad eslovena ha elegido maximizar el reciclaje y la reducción.

Después de más de una década de mejoras y educación, Liubliana tiene una de las tasas más altas de recogida selectiva y reciclaje de residuos en Europa: más de 60%. Ese desempeño le ayudó a asegurarse el Premio de Capital Verde de la Comisión Europea en 2016. También prohibió el uso de vehículos en el centro de la ciudad, revivió los parques y ayudó a Eslovenia a convertirse en un destino de turismo sostenible.

Ha sido un paso clave recolectar desechos de forma separada directamente en los hogares. Los residuos biodegradables y reciclables se recogen con más frecuencia, lo que anima a la gente a separar con diligencia para evitar la acumulación (y los olores).

Snaga, la empresa que gestiona los residuos de la ciudad, ha dirigido campañas de información para promover la reducción, reutilización y consumo responsable para reducir la cantidad de cosas que la gente tira a la basura. Minimizar los desperdicios de los alimentos ha sido uno de los objetivos. La empresa también opera centros de recogida para residuos peligrosos o voluminosos, incluyendo electrodomésticos.

Los resultados son impresionantes: la cantidad de materiales recuperados subió de 16 kg por persona en 2004 a 145 kg en 2014; el volumen enviado a los rellenos sanitarios cayó 59%; la disminución total de desechos es de 15%. El costo promedio mensual de gestión de los residuos era menos de 8 euros por hogar en 2014 – el más bajo en el país.

Liubliana y decenas de otros municipios forman parte de la red Cero Residuos Europa, que fomenta la idea de una economía circular en la que los productos y servicios están diseñados para maximizar la eficiencia de los recursos y minimizar el consumo de energía y residuos. Cero Residuos Europa es un socio de Marco Decenal de Programas de Consumo y Producción sostenible de ONU Medio Ambiente.


Penang, Malasia

Cuando los clientes de los puestos de comida del bullicioso mercado de Chowrasta, en Penang, no dejan limpios sus platos, las sobras de cheh hu y las tazas de arroz no terminan en la basura sino en una máquina que convierte los alimentos en abono para su uso en la agricultura.

Las máquinas regeneradoras para el procesamiento de alimentos son parte de una iniciativa para compostar tantos residuos como sea posible en la ciudad Malasia y reducir la cantidad de basura que llega al vertedero. Las máquinas, que son compactas, no generan olor y no atraen bichos, muelen los residuos orgánicos con agua y una solución microbiana para crear un líquido potenciador del suelo.

El año pasado, las autoridades pidieron a todos los residentes de Penang separar sus residuos en origen. Dado que 40-50 % de los residuos de Penang son materia orgánica, el compostaje a gran escala puede reducir significativamente la presión sobre el vertedero ya limitado de la ciudad. También abordará el problema del metano, un gas de efecto invernadero potente – generado cuando la materia orgánica se mezcla con otro tipo de basura-. Para la autoridad local, el compostaje también reduce el costo del transporte y la eliminación de desechos, y ayuda a prevenir la contaminación de las vías fluviales de la ciudad.

El Centro Internacional de Tecnología Ambiental de ONU Medio Ambiente ha apoyado los esfuerzos para reverdecer Penang desde 2005, ayudando a los funcionarios locales a desarrollar políticas de gestión de residuos, acceder a financiamiento y conectarse con socios del sector privado. En todo el mundo, el centro está ayudando a cerca de 50 ciudades para gestionar mejor sus residuos orgánicos.


Cajicá, Colombia

Como un destino campestre para escapar de la capital colombiana, Cajicá quizás no quiera ser estrechamente relacionada con los gusanos, pero estas criaturas han ayudado a hacer de la ciudad un modelo transnacional en gestión responsable de residuos.

Tras comenzar sus esfuerzos hace casi una década, la iniciativa del municipio para mejorar su manejo de los residuos llevó la tasa de reciclaje al 30% y ha reducido en una cuarta parte el vertido. Esto puede parecer modesto, pero es muy superior a la media nacional de 17%.

Cajicá ha sido seleccionado como un caso de estudio para un nuevo programa de postgrado en manejo integral de residuos en América Latina y el Caribe. ONU Medio Ambiente está promoviendo el programa junto con ocho universidades de los países de la región.

Cajicá también está abriendo camino en el país. Alarmado porque los vertederos en cientos de municipios se están llenando rápidamente, el gobierno nacional lanzó el año pasado una política de manejo integral de residuos sólidos con el objetivo a largo plazo de convertir a Colombia en una economía circular.

Como en otros lugares del mundo, una clave del éxito ha sido la voluntad de las familias para separar sus residuos antes de que sean recogidos. Este es el resultado de cinco años de reuniones públicas, sensibilización a domicilio y visitas por toda la ciudad, que está ubicada a 30 kilómetros al norte de la capital, Bogotá.

Significativamente, cerca de 350 toneladas de residuos orgánicos – más de 20% del total anual-, se apartan en cubos verdes especialmente distribuidos destinados para el compostaje. Es aquí donde entran los gusanos. La lombricultura implica el uso de lombrices para hacer compost a partir de la descomposición vegetal de los residuos alimentarios. El resultado es un abono rico en nutrientes, con bajos niveles de contaminantes, que los agricultores locales utilizan como fertilizante orgánico.

FUENTE: www.retema.es