Un planeta hundido en la basura

 
Lagos / Nigeria: El basurero intensivo


Olusosun es el mayor vertedero de África. Un lugar donde 25 millones de toneladas de basura se pudren bajo el sol y la humedad del trópico. Tiene 430.000 metros cuadrados, pero está más que desbordado. En 2020, dice el Gobierno, se convertirá en un campo de golf, pero hoy sus aguas residuales, cargadas de metales pesados, están contaminando los acuíferos de los que beben miles de personas.

«El hedor de la basura de Lagos es menos intenso que el de Nueva York o Ámsterdam -evela el fotógrafo. En un país pobre se tira menos comida».





São paulo / Brasil: Un oficio muy respetable

Los ‘catadores’ de basura forman parte del paisaje urbano de las megalópolis brasileñas. Suelen estar organizados en cooperativas, algunas con más de 30 recolectores, y recogen de todo: papel, vidrio, aluminio, plástico, residuos hospitalarios… El último gran censo, de 2010, contabilizó 400.000 trabajadores.

«Los recolectores están organizados y a algunos de ellos les paga directamente la ciudad. De todos modos, aquí también se amontonan los residuos. El problema lo heredará la próxima generación», revela el fotógrafo.





Nueva york / Estados Unidos: La gran fábrica de basura

Se estima que, para 2025, las grandes ciudades del mundo producirán unos 2200 millones de toneladas de basura al año, casi el doble que hoy. Nueva York es una de las que más producen, aunque se lleva lejos el problema. El vidrio, el metal, el papel y el plástico se reciclan en las afueras, mientras que los residuos orgánicos se envían por barco o ferrocarril a Pensilvania o Virginia.

«Reciclar es positivo, pero no resuelve el problema -dice Van Lohuizen-. Por mucho que reciclemos ingentes cantidades de plástico, se producen cantidades más ingentes todavía».





Yakarta / Indonesia: Ahogados por la basura

La capital indonesia se ahoga en el mar y en la basura. Literalmente. El 40 por ciento de Yakarta está por debajo del nivel del mar, y la ciudad se hunde unos siete centímetros al año. El aspecto de la bahía de Muara Angke, el puerto pesquero de la ciudad refleja la gravedad de la situación en una urbe donde mucha gente tira sus residuos al suelo. Al cabo de unos minutos, eso sí, alguien los recoge y se los vende a comerciantes que trabajan con materiales reciclables.

«Cuando estaba haciendo fotos en Yakarta, el gobernador planteó introducir una tasa para las bolsas de plástico. Tres semanas después, cuando me marché, la propuesta ya no estaba sobre la mesa», ilustra Van Lohuizen.





Ámsterdam / Países bajos: Todo a la hoguera

La basura es aquí un negocio explotado por Renewi, un gigante mundial de la gestión de residuos que cotiza en la Bolsa de Londres. Los propios vecinos le hacen parte del trabajo al separar ya el vidrio y el papel y depositar el plástico en contenedores repartidos por el barrio, pero el resto de los residuos van directos al camión. La basura no reciclable acaba en un complejo inmenso al oeste de la ciudad, donde se incineran.

«En la incineradora se queman todas las bolsas que llegan. Nadie mira si dentro hay material para reciclar», denuncia el fotógrafo holandés.





Tokio / Japón: Empujados a separar

En ningún país se separa tanto la basura como en Japón, donde hay hasta diez categorías de residuos diferentes. Cada una se recoge en días concretos y una legión de inspectores fiscaliza a empleados y vecinos. Si no está todo bien colocado, no se recoge. La basura no reciclable se incinera y su combustión sirve, por ejemplo, para calentar piscinas.

«Pensaba que la gente reciclaba por conciencia medioambiental. Pero se debe a que ya no hay sitio para tanta basura».

FUENTE: www.xlsemanal.com