Aerotermia, la primera fuente renovable de España


Sí, sí. Ni la orgullosa eólica, que presume de exportar más que el vino o el calzado, es más importante que la aerotermia en España.

Así lo sostiene nada menos que la Comisión Europea, al radiografiar la situación de la energía en el suelo patrio con motivo del tercer informe sobre el estado de la Unión Energética, presentado el viernes pasado: si las tecnologías renovables facturan unos 13.480 millones de euros al año, las bombas de calor -aires acondicionados en su inmensa mayoría- representan el 40,8%, superando a los aerogeneradores (33,3%) y a la biomasa (11,3%).

Se puede argumentar que esos datos corresponden al año 2015 y que las renovables habituales estaban prácticamente paralizadas, razón por la que tanto descuellan las bombas de calor, pero la cuestión es otra: ¿ha visto usted alguna vez que se contabilice como renovable la energía generada por los aires acondicionados? Es más, ¿sabía usted que el modesto aire acondicionado produce energía renovable?

Las bombas de calor consumen electricidad y producen energía térmica. Tienen un gran rendimiento y habitualmente aprovechan la temperatura ambiental -aire acondicionado- o del subsuelo -geotermia- para ofrecer más energía que la recibida: por cada kWh eléctrico precisado suministran de tres a cuatro kWh térmicos. La UE considera esta aportación de energía como renovable, pero -sin que haya una justificación clara- sólo si se aprovecha en la calefacción, no en la refrigeración.

Según los datos oficiales, las bombas de calor producen unos 30,8 TWh en España, alrededor del 3% de toda la energía limpia del país, aunque apenas un tercio -el consumo de un millón de hogares- se podría contabilizar como renovable, porque el resto no calienta hogares, sino que los enfría. Ahora bien, no se hace. Y la industria renovable habitual respira aliviada, porque si se contabilizaran, la cuota que deben cubrir sus tecnologías para alcanzar los objetivos de consumo marcados por la UE se reducirían, y con ello el mercado, y con ello el negocio.

FUENTE: www.eleconomista.es