LOS RECICLADORES COMO PROVEEDORES DE SERVICIOS ¿Por qué no?
Históricamente, los recicladores han sido percibidos como un problema. Algunas experiencias exitosas muestran que pueden ser parte de la solución.


¿Hay que reciclar? Sin duda. El reciclaje genera beneficios tanto ambientales como económicos. Ayuda a reducir el volumen de residuos y permite a la industria reutilizar materiales reciclables, mejorando de esta forma el efecto post-consumo de sus productos.



Hay dos modelos básicos de reciclaje:
el formal y el informal.
En ciudades donde la disposición final de residuos está organizada y costeada,
el reciclaje formal puede ser un medio para que los gobiernos municipales reduzcan costos mediante la desviación de materiales del flujo de residuos. En América Latina y el Caribe (ALC), la disposición técnica y ambientalmente adecuada es cara. El costo promedio de disponer adecuadamente una tonelada de residuos en un relleno sanitario es de aproximadamente US$ 21. En este marco, el reciclaje puede ayudar a los gobiernos locales a reducir costos de transporte y prolongar la vida útil de sus rellenos. En definitiva, es un buen negocio para ellos.

El reciclaje informal, por su parte, es una actividad que tiene lugar en calles y vertederos de una multiplicidad de ciudades de todo tipo. Esta actividad es llevada a cabo por miles de personas que ganan su ingreso a través de la clasificación, acopio, transporte, limpieza y venta de materiales reciclables como el metal, papel, vidrio y textiles. Se estima que en la región de ALC cuatro millones de personas viven de las actividades del reciclaje informales. Alrededor del 70 por ciento de este grupo lleva a cabo sus actividades en sitios de disposición final, un 15 por ciento en las calles, y el resto en las estaciones de transferencia o puntos de generación de residuos. En países como Brasil, los recicladores informales son responsables de hasta un 90 por ciento de los materiales que entran en la cadena de reciclaje formal. Estos materiales suelen venderse a pequeños, medianos y grandes compradores distribuidos en la cadena de valor industrial, quienes limpian, empaquetan y los venden a la industria.

Asumiendo los beneficios monetarios y ambientales del reciclaje, es lógico concluir que la recolección y separación de materiales para su reciclaje constituye un servicio valioso, sobre todo en zonas urbanas que generan grandes volúmenes de residuos. Sin embargo, en lugar de ser percibidos como una solución a una serie de problemas ambientales, económicos y sociales, los recicladores informales son considerados a menudo como un problema. Una mirada a algunos supuestos comunes nos puede ayudar a entender por qué.

Un supuesto común es que a los recicladores no les gusta su trabajo. Esto es a menudo falso. Encuestas realizadas en vertederos a cielo abierto que están a punto de ser cerrado muestran que alrededor del 90 por ciento de los recicladores se identifica fuertemente con su trabajo y prefiere no reconvertirse a otras actividades. Para ellos, la recolección de residuos es una profesión, una forma de vida y una identidad.

También se piensa comúnmente que los recicladores son incapaces de organizarse. Esto también es falso. Cada día, grupos informales se organizan en cooperativas y otros tipos de asociaciones, integrándose eventualmente en grandes redes locales, nacionales e incluso internacionales. En los últimos 20 años, la región de ALC ha visto el surgimiento de innumerables nuevas cooperativas y asociaciones nacionales de recicladores. En la actualidad, alrededor del 30 por ciento de los recicladores existentes en la región pertenece a una organización, encontrándose no menos de seis redes nacionales de reciclaje. La más grande, conocida e influyente es la del Movimiento Nacional do Catadores de Materiais Reclaveis (MNCMR) en Brasil, que representa a más de 500 cooperativas y cerca de 60.000 recicladores. La Red Latinoamericana de Recicladores, por otro lado, opera en catorce países y está relacionada, junto con muchas de sus organizaciones afiliadas, a la Alianza Global de Recicladores.

¿Alguien todavía cree que los recicladores no pueden organizarse? Algunos todavía pueden aceptar este hecho, pero seguir pensando que no son capaces de proporcionar servicios profesionales. Esto también es falso. Brasil es probablemente el mejor ejemplo. En municipios como Londrina, Diadema, Ourinho o Belo Horizonte, los catadores, como se conoce a los recolectores informales de residuos en Brasil, están plenamente integrados en el sistema formal de gestión de residuos sólidos, y son remunerados por el municipio como prestadores de servicios de recolección y otros.

Estos ejemplos demuestran que un enfoque verdaderamente integral de gestión de residuos sólidos debe considerar la posibilidad de incorporar a los recicladores como potenciales proveedores de servicios. En otras palabras, debemos comenzar a ver los recicladores como parte de la solución. No sólo como un problema. No es una tarea fácil. Se requiere tiempo y recursos. También requiere reconocimiento por parte de las autoridades gubernamentales y apoyo a través de políticas y nuevas normativas. Brasil ha desarrollado una política nacional para la inclusión de catadores en programas municipales de separación en la fuente. Hasta la fecha, sin embargo, sólo el 10 por ciento de los municipios brasileños ha implementado este tipo de programas.

El año pasado, el Banco Interamericano de Desarrollo, junto con el Fondo Multilateral de Inversiones, la empresa Coca-Cola, y la Fundación AVINA, lanzaron la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo con el objetivo de promover una mayor inclusión de esta población en las políticas públicas y en la cadena de valor. La Iniciativa es sólo un pequeño paso en un largo proceso de creciente reconocimiento e inclusión de estos profesionales como actores legítimos y valiosos en los sistemas de gestión de residuos sólidos en la región.

FUENTE:vvvw.econoticias.com