SALUD AMBIENTAL INFANTIL
03/05/2012
 
Entendemos por medio ambiente el conjunto de condiciones físicas, químicas, biológicas, sociales, culturales y económicas con las que interactúan los seres humanos. Dadas las elevadas cifras de contaminación existentes hoy en las grandes ciudades, así como el cambio climático global en el que nos encontramos inmersos, en las últimas décadas ha aumentado considerablemente la cantidad de información referente a las distintas formas en las que el medio ambiente puede influir sobre la salud de la población. En este sentido, la salud ambiental infantil, hace referencia al estudio del impacto de las sustancias contaminantes que se encuentran en el medio ambiente y que inciden directa o indirectamente, sobre la salud de los niños.

El colectivo infantil es un sector especialmente vulnerable a los efectos ambientales. El organismo de un niño todavía se encuentra en fase de desarrollo y sus sistemas tanto fisiológicos como metabólicos, son extremadamente sensibles a todos los contaminantes presentes en la vida, tanto en el agua, como en el aire o en los propios alimentos. Este tipo de riesgo ambiental, aparece en una fase tan temprana como es la formación del feto, en el interior de la madre.

Un niño en su rutina diaria, desde que se levanta para ir a la escuela hasta que se acuesta al terminar sus tareas, está expuesto a cientos de amenazas ambientales de las cuales, paradójicamente, somos nosotros los seres humanos, los principales causantes. Así por ejemplo, mientras el niño espera en la parada a su autobús escolar, al circular con nuestros vehículos cerca de él, estamos provocando que inhale directamente el humo que expulsan los tubos de escape. Otra situación bastante común es cuando le damos una fruta que no ha sido certificada en cuanto a su cultivo ecológico, el niño correrá el riesgo de ingerir una serie de pesticidas y otras sustancias potencialmente tóxicas, que no son buenas para su organismo. Otro de los focos de peligro radica en los productos de limpieza, los cuales están compuestos por cientos de componentes químicos altamente nocivos para la salud.

Como vemos, las distintas situaciones de peligro en la salud ambiental infantil, se repiten constantemente. Y es que el sistema tecnológico y capitalista en el que vivimos, no nos lo pone muy fácil para evitarlas. Aún y así, sí que es posible es reducir los riesgos teniendo en cuenta algunos conceptos y sobre todo, siendo muy conscientes de que están ahí.

Para explicar el impacto del medio ambiente en la salud de los niños, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó en 2004 el primer “Atlas sobre salud infantil y medio ambiente”. La obra expone un conjunto de datos sobre los efectos de los riesgos ambientales en la salud de los niños que, observados globalmente, ofrecen una imagen muy clarificadora de los peligros que afrontamos todos, niños y adultos, así como las razones por las cuales cada año mueren más de tres millones de menores de cinco años, en todo el mundo.

En 2009 la misma Organización, desarrolló otra investigación al respecto y entre sus conclusiones publicó que aproximadamente un tercio de los nueve millones de defunciones de menores de cinco años que se producen cada año, se debe a causas y enfermedades relacionadas con el medio ambiente. Los factores de riesgo ambiental suelen estar relacionados con condiciones económicas y sociales adversas, tales como los conflictos armados, la pobreza y la malnutrición.

Está claro que para hablar de salud ambiental infantil, un factor determinante de la misma es el lugar en el que nacemos- vivimos, así como el acceso a los recursos económicos con los que cuenta nuestra familia. En este sentido, la OMS distingue entre riesgos tradicionales, los directamente relacionados con la pobreza y el desarrollo insuficiente; y los riesgos modernos, aquellos que se dan en las poblaciones económica y tecnológicamente más desarrolladas:

1. Riesgos tradicionales:
- Falta de acceso al agua potable;
- Eliminación inadecuada de excretas y de basuras;
- Insalubridad en la vivienda y en la comunidad;
- Contaminación del aire en el hogar por polvo, hongos y por el uso de carbón u otros combustibles biológicos para cocinar o calentar el ambiente;
- Contaminación de los alimentos con agentes patógenos;
- Contaminación del agua de consumo por aguas servidas;
- Desastres naturales, incluyendo sequías, inundaciones y terremotos;
- Contaminación de la vivienda por el plomo en las cerámicas y pinturas;
- Accidentes y enfermedades ocupacionales en la agricultura, en la industria y en el sector informal de trabajo.

2. Riesgos modernos:
- Acumulación de residuos sólidos peligrosos;
- Contaminación urbana del aire por emisiones de industrias y vehículos;
- Contaminación de recursos hídricos por las industrias, la agricultura y los desagües de centros urbanos;
- Uso indebido de sustancias químicas o radioactivas vinculadas a nuevas tecnologías para la agricultura y la industria;
- Accidentes de tráfico;
- Enfermedades infecciosas emergentes o reemergentes;
- Cambios climáticos y atmosféricos, como el enrarecimiento de la capa de ozono y el efecto invernadero;
- Violencia y efectos psicosociales del medio ambiente urbano;
- Tabaquismo y drogadicción.

Una particularidad de los denominados riesgos modernos, es que normalmente manifiestan sus efectos nocivos tras un largo periodo desde el momento de la exposición. Por ejemplo, algunas sustancias presentes en los plaguicidas pueden causar cáncer, pero éstas no dejan ver sus síntomas hasta pasados varios años, y aun así, pueden pasar décadas hasta que aparezca, si aparece, un tumor de tamaño apreciable.

Entre los riesgos modernos , debemos prestar especial atención a:
- Los plaguicidas. Los niños absorben proporcionalmente mayores cantidades de ese tipo de sustancias debido a la mayor ingesta de frutas y vegetales contaminados relativos a su peso corporal. Los disruptores endocrinos que se pueden encontrar en los pesticidas y en los productos sintéticos entre otros, afectan al equilibrio hormonal por lo que las manifestaciones pueden no aparecer hasta la madurez del individuo. Los niños, además, pueden manifestar reacciones alérgicas a sustancias químicas tóxicas, así como hiperactividad como consecuencia de colorantes u otras sustancias añadidas a los alimentos.

- Los hogares donde la preparación de alimentos se hace utilizando combustibles biológicos tienen para los pequeños el riesgo adicional de la contaminación del aire interior.

- El aumento del número de niños que presentan problemas respiratorios, asmas y alergias es debido principalmente a la contaminación del ambiente. Según un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad del Sur de California, contaminación y padres estresados aumentan significativamente el riesgo de asma infantil. Y es que la contaminación atmosférica puede promover respuestas inflamatorias en las vías respiratorias del pulmón.

- Los compuestos organoclorados, cuya principal vía de ingestión es la dieta, el aire y el agua de consumo, se asocian al crecimiento y el desarrollo motor y al posterior desarrollo cognitivo.

- La mayoría de compuestos químicos provoca problemas cutáneos y conjuntivitis oculares si no se protegen frente a su exposición. La contaminación atmosférica también produce reacciones muy graves en la piel, entre las que se pueden diferenciar la dermatitis irritante, la dermatitis alérgica por contacto y la dermatitis fotosensible. Asimismo, la reducción de la capa de ozono sobre el Ártico, en el hemisferio norte, facilita que llegue a la superficie de la tierra una mayor cantidad de radiación ultravioleta, aumentando la incidencia del cáncer de piel.

- Otro peligro ambiental es el plomo, cuyas partículas, cuando están suspendidas en el aire, pueden ser absorbidas en la sangre y aun en concentraciones relativamente bajas suelen tener un efecto negativo en el desarrollo mental de los niños y en su crecimiento. Los países industrializados han disminuido drásticamente o eliminado el consumo de gasolina con plomo, lo que se ha reflejado claramente en los niveles de plomo en la sangre de la población en general. Muchos países en desarrollo, por el contrario, todavía continúan usando gasolina con este aditivo.

- Los accidentes -especialmente vehiculares- asumen cada vez mayor importancia como problema de salud pública, en tanto que la violencia en general se ha convertido en una causa cada vez más significativa de morbilidad y mortalidad.

El cambio está en nuestras manos

Las condiciones mínimas requeridas para que exista un medio ambiente saludable, son tres: contar con un aire limpio, tener acceso al agua potable en cantidades suficientes y convivir en un ecosistema global adecuado para los seres humanos.

En general las ciudades que cuentan con una especial intensidad de tráfico de vehículos, están densamente urbanizadas y poseen industrias en sus inmediaciones, son las que presentan unos niveles más altos de contaminantes para la salud. Para paliar dichos efectos, ya estamos en condiciones mínimas para dirigirnos hacia la eficiencia energética, así como disminuir el consumo de combustibles fósiles y aumentar el uso de energías renovables.

A su vez es importante conocer los alimentos que consumimos, leer su composición y evitar los productos químicos que se usan para el desarrollo y la conservación de los mismos.

Para alcanzar este objetivo es necesario que no dejemos toda la responsabilidad a las instancias decisorias a nivel internacional, regional y nacional, también es importante que las organizaciones no gubernamentales, las comunidades y las familias tomen conciencia de los principales riesgos ambientales, se aúnen esfuerzos para evitarlos y se pongan en marcha nuevas medidas preventivas. Pero nada de esto funcionará si no empezamos por nosotros mismos, es decir, tomando conciencia individual de la importancia del cambio. Debemos servir como ejemplo al sector infantil de cómo protegernos, evitar y enfrentarnos a los riesgos ambientales con los que convivimos a diario, así como disminuir su presencia en nuestro entorno, siempre y cuando esté dentro de nuestras posibilidades.

FUENTE: www.ecoticias.com