LA PRIMA DEL RIESGO
15/07/2011

 
La hija del riesgo es el accidente; la pareja del riesgo, la adrenalina; la prima del riesgo, el miedo. Pero nada de todo ello, sonando todo a lo mismo, tiene que ver con la prima de riesgo. Curiosamente la prima de riesgo ocupa muchas páginas en los periódicos, muchos minutos en la televisión y en la radio y miles de caracteres en Twitter, pero no parece causar verdadero miedo al ciudadano que se haya disparado la prima de riesgo de España. No forma parte de las conversaciones del bar, de la peluquería, del metro o del bus. El riesgo de un huracán, de un terremoto, de la bacteria E. Coli, de un atentado terrorista o incluso de un corralito que nos deje sin ahorros… todos esos riesgos nos dan miedo. Pero la prima de riesgo la vemos lejana, como una prima segunda de ésas cuyo parentesco con nosotros nunca llegamos a tener claro. La prima de riesgo implica un riesgo que no nos da miedo. En el fondo de esta tranquilidad está la dificultad para comprender todo este mundo nuevo de las finanzas y las consecuencias para un Estado de que suba la prima. Pero lo comprendamos o no, lo cierto es que existe un riesgo que nos puede dañar como ciudadanos, porque si la cosa de la prima de riesgo sigue creciendo e incluso se desorbita, nos pasaría lo que a Irlanda, Grecia o Portugal, a saber, que no ganaríamos nunca más un mundial. Según se dice, si un país tiene una prima de 400 puntos básicos y no toma medidas, el elevado coste de su financiación puede provocar daños en su economía, con un impacto negativo en el Producto Interior Bruto de un 0,8% anual. Lo que nos faltaba.

Aquí la solución más inmediata es darles una alegría a los de Standard & Poor's, Fitch y Moody's, porque son los que ponen las notas, los que adjudican una calificación que a los inversores les indica si la inversión es fiable o no, lo cual acaba influyendo en la prima famosa. Y estos señores, que probablemente compraron un piso en un paraíso español con promesas nunca cumplidas de campos de golf, están dolidos con España y no acaban de darnos una alegría. Es como cuando el profesor nos tenía manía en el colegio. A estos señores, que no dejan de ser humanos, y que por cierto ya tenemos el prejuicio de que son señores, habría que acercarles a lo nuestro. Que si un jamón, que si una caja de vino, una invitación a un tablao de los auténticos… o incluso deberíamos ir por la vía emocional, con unas postales tipo “Yo *corazón* Fitch”. En un momento dado, si hay que hacerles el campo de golf, se les hace. Pero hay que ir a por la triple A, a por el sobresaliente, como sea. Detrás de los mercados, de las agencias de rating, hay humanos, hay primos, hay primas también. Y no hay prima que se resista a un buen jamón y un buen vino. Está, eso sí, el riesgo de que se ponga digna y rechace el jamón. Ésta debe de ser la famosa prima del riesgo.

FUENTE:www.intermpresas.net