¿QUE HACEMOS CON LA BASURA?
SEPTIEMBRE 2010 

Al estudiar el comportamiento de las sociedades en los países desarrollados, descubrimos que la mayor parte de la población cumple una serie de normativas que favorecen una adecuada gestión integral de los residuos sólidos urbanos. Tales conductas tienen vital importancia porque parten de una concienciación urbana ambiental, como lo es el cambio de hábitos en nuestro hogar, en nuestra ciudad o en el respeto al derecho de los demás. Estas conductas radican en el deseo de superación, en no buscar excusas y asumir responsabilidades, asumiendo la propia en primera instancia, en no discriminar a sectores sociales (no ensucia más el que menos tiene), en el respeto a las leyes y ordenanzas, en la valorización (yo puedo, yo quiero), en corregir modelos (no lo aprendí ni lo sabía… pero lo hago), en involucrarse a pesar de todo (ante la falta de respaldo hay que intentar modificar costumbres ajenas y no transferir responsabilidades. Es necesario tener presente que uno mismo es parte de la solución).

Para apoyar estos conceptos, podríamos agregar que, en la medida que avanzamos en el proceso de desarrollo sostenible, los países de Sudamérica se ven plantados a nuevos desafíos de diversa naturaleza, que muchas veces se añaden a los que aún no han podido ser resueltos. Mientras que en muchos países europeos se discute sobre energías alternativas, incineración y sobre biodegradación en su estado máximo, casi en la totalidad de los países de América se tratan de poner de acuerdo sobre el relleno sanitario (vertedero) o la incineración, como destino final de los residuos.

En la actualidad, no existe un sistema único para el manejo o la gestión integral. En el caso de los residuos, si bien la mayor parte de la basura producida en el mundo (estimada en más de 2 billones de toneladas anuales) se entierra o se incinera, las predicciones para las próximas décadas no son muy alentadoras, ya que muchos países tuvieron que reformular y fortalecer sus estrategias, direccionando sus esfuerzos hacia la minimización de los residuos en su origen, hacia la reutilización y hacia reciclaje.

Argentina, a su vez, se fragmenta entre varios escenarios. Por un lado, a nivel nacional se trata de resolver el padecimiento de los basureros a cielo abierto, los rellenos colapsados, y la falta de una política de estado que normalice los procedimientos a seguir más allá de las gestiones (el hecho de ser el octavo país mundial en superficie, no da motivos para que todo se llene de rellenos sanitarios.

Por otro lado, la provincia de Buenos Aires se niega a hacerse cargo de las 5 mil toneladas diarias que genera como Capital Federal y, a su vez, se niega a atender a los casi 8 millones diarios de personas que acuden a los hospitales de la ciudad.

En la Argentina, y fundamentalmente en Buenos Aires, la gestión de los residuos que generan los municipios, dependiendo de su tamaño y de los recursos con que cuentan, se reduce generalmente a la recolección domiciliaria, al barrido limpieza de calles y al transporte de dichos residuos a los centros de disposición final. Aquellos municipios que forman parte del acuerdo con CEAMSE (Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado) envían la mayoría de sus residuos domiciliarios al Relleno Sanitario, mientras que el resto de los residuos de los municipios son arrojados a basurales a cielo abierto que funcionan como centros municipales de disposición final: vertederos o botaderos públicos a lo largo y ancho de toda la provincia de Buenos Aires y de los ríos que se encuentren cerca.

Los “cartoneros”, o también conocidos como recicladores informales, se han incrementado en países que han sufrido rápidas y profundas crisis económicas como resultado del aumento de la pobreza y del desempleo, unido al hecho de que no existen iniciativas formales para la integración de esta forma de subempleo al sector de los residuos sólidos. Todo ello, con la etiqueta de las “cooperativas”, se traduce en grupos más desaventajados y muchas veces excluidos socialmente por la pobreza en la que viven.
Dicho de otro modo, dentro de la denominada “gestión o manejo” existe también una forma de recogida informal de los residuos que es realizada por los denominados “cartoneros” (personas en situación de pobreza extrema, expulsadas la mayoría de ellas del mercado laboral a partir de los años 90 y de la crisis terminal del año 2001 que, en condiciones muy penosas de precariedad, falta de higiene y medios materiales, proceden a la recogida de ciertos elementos que forman parte de los residuos, que la crisis devaluatoria valorizó económicamente, y de cuya venta obtienen el modo de sobrevivir).

Siempre sostuve que no estoy de acuerdo con este procedimiento ya que, al margen de algunas cooperativas organizadas, la mayoría lo realiza en situaciones realmente penosas. Esta gente habitualmente viene de otras disciplinas. Debería “devolvérsele el oficio que perdieron”. No son cartoneros de toda la vida. No lo eligieron.

Cabe destacar que la ausencia de cualquier atisbo de planificación e inserción de dichos actores sociales, sumado a las durísimas condiciones sanitarias que estas personas han de soportar, genera graves problemas de gestión de los residuos sólidos urbanos y graves problemas sociales tanto a los municipios involucrados como al Gobierno provincial.

Pese a que los problemas de salud y ambientales derivados del manejo inadecuado de los residuos sólidos son ampliamente conocidos, el número de basureros a cielo abierto (botaderos o vertederos clandestinos) no deja de crecer, y el problema que representa la poca disponibilidad de áreas periféricas para la disposición sanitaria final de los residuos urbanos en un relleno sanitario en la región hace inaplazable el buscar nuevas soluciones o reformular las que no se hicieron en su momento.

Estrategias ya conocidas por todos, como la minimización de residuos, el reciclaje y el compostaje tienen un efecto positivo importante en el manejo integral, pero entiendo que no es suficiente.

Un aspecto a considerar es que, en la actualidad, se registra una deficiente información confiable sobre marcos indicadores donde poder cuantificar y cualificar todos los residuos que conviven con nosotros. ¿Por qué sería importante contar con estos indicadores? Seguramente escuchamos muchas veces que se afirma que X ciudad, genera X cantidad de toneladas por día. “Ése” es el indicador de la problemática a resolver, pero no es real, porque no se está considerando la cantidad de residuos que están “descansando” en numerosos basureros a cielo abierto (o botaderos), como tampoco está considerada la cuantía de residuos depositada en los mismos. Si los tuviéramos todos cuantificados y cualificados, tendríamos realmente guarismos muy diferentes y un escenario real del problema a resolver (de lo que se ve y de lo que no). Debemos saber cuál es nuestra realidad.

Si bien saber cómo se producen las tormentas no hace que deje de llover, el tener conocimiento total de lo que nos rodea nos servirá para saber qué hacer, cómo y cuándo hacerlo. El conocimiento nos permite hacer, y eso ya es importante.

Por Carlos Micilio,
director de la Consultora Urbano Ambiental Carlos Micilio & Asociados

FUENTE: www.ambientum.com