EL SOLDADO QUE HA PUESTO EN JAQUE A EE.UU
Número: 1208
Del 19 al 25 de diciembre
 
Tiene 22 años y cara de no haber roto un plato. Bradley Manning es, sin embargo, el hombre que filtró los papeles que han destapado los detalles más secretos de la diplomacia de EE.UU. Un cabo de 22 años, homosexual, solitario y extremadamente inteligente, que ha puesto contra las cuerdas al Gobierno más poderoso del mundo.

Desde el norte llegan noticias de disparos contra civiles. Un tribunal de Bagdad acaba de condenar a muerte a 11 hombres por asesinar a más de 100 personas. Pero, para Manning, este 14 de enero de 2010 es un día sin acontecimientos especiales. No imagina que está a punto de hacer historia.

«Bradley Manning se siente muy solo», escribe en su página de Facebook. Poco después accede a una base de datos del Gobierno estadounidense y copia en un CD información confidencial. Se trata de un documento sobre la crisis bancaria en Islandia.

Hace un par de semanas, Wikileaks puso en circulación 243.270 correos electrónicos diplomáticos y 8.017 directivas estadounidenses. Algunas estaban catalogadas como «confidenciales»; unas pocas, como «secretas». En conjunto, han puesto en evidencia la forma en que Estados Unidos ve el mundo y han dejado al descubierto, de una forma desconocida hasta la fecha, el funcionamiento de su diplomacia.

El cabo Manning es el principal sospechoso de haber facilitado todos esos datos: 92.000 informes sobre la guerra en Afganistán, unos 400.000 sobre la de Iraq y despachos diplomáticos. La divulgación de secretos es un delito de traición que podría suponerle una condena de 52 años de prisión; algunos políticos norteamericanos exigen, incluso, la pena de muerte.
Bradley Manning se encuentra desde el pasado julio en una prisión militar de Virginia a espera de juicio. Su historia es la de un soldado que creyó que en el Ejército conseguiría sentirse realizado y que, al final, se sentía solo e incomprendido. Algo que, por otro lado, le había ocurrido ya unas cuantas veces a lo largo de su vida.

La localidad de Crescent, en Oklahoma, parece una ciudad abandonada del Oeste de Estados Unidos. Bradley Manning creció allí con sus padres y su hermano mayor, Casey. Shanée Watson recuerda muy bien al chico rubio y delicado con el que, cuando tenía 11 años, discutió durante horas sobre si toda la gente ve el mismo color cuando mira un coche rojo. Formaban equipo en el concurso de preguntas y respuestas del colegio y casi todos los años se llevaban el primer premio. «Bradley era extraordinariamente inteligente», asegura Watson. «Fue su inteligencia lo que lo convirtió en un marginado», añade Jordan Davis, el mejor amigo de Bradley, con quien ha pasado innumerables tardes ante un ordenador.

En 2001, cuando sus padres se separaron, Bradley se mudó con su madre a Gales, donde había nacido ella. Poco antes de su partida se pasó a ver a su amiga Shanée y le confesó su homosexualidad. «En aquel momento no tenía muy claro qué podría representar para él el hecho de haber crecido en un entorno tan conservador como éste», cuenta. En Crescent había más bancos en las iglesias que habitantes, diría Bradley años después a un amigo en un correo.

Cuando terminó la escuela, Bradley regresó a EE.UU. y su vida descarriló. Su padre lo echó de casa, «por ser gay», le contó más tarde a un conocido. «Porque su padre era un imbécil», dice Jordan hoy. Bradley, que por entonces tenía 20 años, trabajó repartiendo pizzas; más tarde, en una empresa de software; y se hizo asiduo de una comunidad homosexual. Poco después, en el verano de 2007, aquella vida caótica llegó a su fin: se alistó en el Ejército.

«No me sorprendió dice Jordan Davis . Estaba fascinado con la guerra. Le gustaba mucho James Bond y estaba convencido de que Estados Unidos debía desempeñar un papel de liderazgo mundial.» La formación de Bradley se prolongó durante un año. Abandonó Fort Huachuca como analista de información con autorización para acceder a documentos confidenciales.

EE.UU. reformó sus servicios secretos desde los cimientos tras el 11 de septiembre. Entre los objetivos figuraba mejorar el acceso a las informaciones. Se buscaba evitar que en el futuro, por ejemplo, un servicio secreto ajeno supiera algo sobre un posible atentado y no lo compartiera con las demás organizaciones, tal y como ocurrió en los meses previos al ataque contra el World Trade Center en Nueva York. Pero, por ese mismo motivo, las autoridades acabaron siendo demasiado generosas con el acceso a la información.

El Secret Internet Protocol Router Network (SIPRNet) es el principal banco de datos del Departamento de Defensa norteamericano. Fue instalado hace 20 años. Miles de documentos hasta el segundo nivel de reserva (secret) acaban allí cada día, también despachos y directivas del Departamento de Estado. En definitiva, se trata, sobre todo, de un portal de intercambio de información al servicio de la conducción de la guerra y que contiene «datos vitales» para los soldados, según las palabras del propio secretario de Defensa, Robert Gates.

Cuando una persona recibe acceso a SIPRNet, ya no necesita volver a solicitarlo cada vez que realice una consulta. Ni siquiera cuando esa consulta no tiene absolutamente nada que ver con su ámbito de trabajo. Unos dos millones y medio de funcionarios y militares tienen acceso a él en estos momentos. Bradley Manning era apenas uno de ellos.

FUENTE:www.xlsemanal.finanzas.com