COLOMBIA: LA GUERRA DEL CO2

Guerrilleros, paramilitares, narcos... a los habituales grupos armados que operan en el avispero de la selva colombiana se les están uniendo otros igual de ávidos de dinero y, a veces, igual de sangrientos. Especuladores de guante blanco, mafias y bandas criminales que han encontrado un nuevo `Eldorado´ en los biocombustibles y el comercio de CO2. Descubrimos el lado perverso del Protocolo de Kioto.

Una barricada hecha con ataúdes. Doce féretros bloquean
el paso a la calle mayor de Ricaurte, en el departamento de Nariño, al sur de Colombia. Doce asesinados. Hombres, mujeres y niños. Todos, indígenas de la comunidad awá. Sus vecinos piden justicia. Y están muy asustados. No los entierran hasta que el Gobierno se compromete a investigar la masacre. ¿Quién ha sido? Lo único que se sabe es que eran hombres vestidos con trajes de camuflaje. ¿Pero quiénes? Pueden ser narcotraficantes, guerrilleros, paramilitares de extrema derecha. Nariño y Cauca son dos de las provincias más afectadas por la guerra que desangra la selva colombiana desde hace 43 años. Una guerra confusa y cruel, sin dueño ni una razón única, pero en la que los grandes perjudicados son los de siempre: campesinos e indígenas. Casi 80 muertos en lo que va de año. Miles de desplazados. Un éxodo que recuerda las limpiezas étnicas en África o la ex Yugoslavia. Tácticas de terror ante la indiferencia del mundo.


Dos crucificos flanquean el camino. Estamos en el suroeste de Colombia, una región disputada por dos grupos paramilitares: los Rastrojos, ligados al `narco´, y las Águilas Negras, aliados del ejército.

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FUENTE: XLsemanal